jueves, 26 de septiembre de 2013

Comienza por el comienzo. Y, cuando acabes de hablar, te callas

Me gustaría saber si voy a arrepentirme de esta decisión en cuestión de días. Quizás lo haga en un espacio temporal todavía más breve. En cualquier caso, aquí estoy. Se conoce que no tenía suficiente con Twitter. Además, prefiero algo más serio. Un blog, cima de la seriedad y el talento amateur. Esto es sabido por todos, ¿no?

Hace tiempo, (algunos años, para ser un poco más exactos) tuve un blog en el que contaba cosas muy distintas a las que me agradaría contar en este. No prometo nada a mis lectores, si es que los tengo. Los que pierdan su tiempo leyendo estas palabras, supongo que ya me conocerán... y, en fin, de no ser así, pueden hacerlo (al menos hacerse una pequeña idea de lo que puedo ser o no ser) haciéndolo. 

En este mugriento rincón que plagaré de pensamientos sobre esto o lo otro, reflexionaré sobre lo que creo que es la vida, como también el amor, el desamor, la familia, las costumbres, el cine, la música, lecturas que me lleguen al corazón, o lo que me parezca. Podría haber abreviado todo con lo último, la verdad, pero así parece como más interesante y completo, como con mucha más carnaza. 

Supongo que lo más difícil de todo proyecto es empezarlo. Pues bien, el sentimiento es agridulce. No soy yo muy amiga de los blogs porque me da vergüenza hablar de ciertas cosas. Y, más que eso, el bochorno todavía es peor cuando te lees, tiempo después, y piensas pestes sobre tu persona. Por contra, considero que me puede venir muy bien escribir cuando lo necesite, puesto que me encantaría dedicarme a eso. Pero claro, somos muchos ya, ¿verdad? Y vete tú a saber qué es eso de hablar con propiedad. Aunque, bueno, ¿qué importará eso cuando vivimos en una época de tertulias semanales con supuestos expertos, harto ilustrados y predecibles en la que todo criterio es respetable? Como yo no encuentro respuesta a la validez del mismo, pues me lanzo a la piscina y expondré el mío. Poco tengo que perder, pues la dignidad no existe cuando estamos entre buenos amigos... Aunque éstos se cuenten con los dedos de una sola mano y te sobren dedos por todas partes, y aunque éste no sea el lugar idóneo para encontrarme con ellos, sino más bien, lo contrario. ¡Donde esté el cara a cara...! A pesar de todo, por suerte o por desgracia se me da mejor escribir que hablar. Muchos podéis llevaros ahora las manos a la cabeza: "¡cómo debe hablar entonces la colega!" pues sí, imaginad.

Nada más, por el momento, salvo dedicar el impulso a Arthur Schopenhauer, quien me abrió los ojos a mi realidad, como también tuvo el detalle de invitar a conocerme un poco más a partir de sus escritos. Por considerarle un gran maestro, por esos suspiros de alivio cuando sientes que alguien te entiende y lo plasma mil veces mejor de lo que tú podrías para poder leerle y comprenderte. Aunque no le haya conocido, aunque me haya sido imposible y aunque él jamás sepa de este humilde homenaje.